Ensayo hemorroidal en varios actos.
Acto Primero, en donde comenzaron los sucesos que dieron origen a otra serie de sucesos. Hace mucho tiempo.
Los dolores se acumulan en mi vientre. Hay sangrado. Sangro por primera vez. No soy mujer, así que seguro no es un embarazo. Me asusto. En esa época, hace algunos años, tenía obra social, ahora ya no, en esa época entonces acudo al médico. Eso va en contra de mis principios ya que no me agradan los médicos en el consultorio. Tal vez afuera me agradarían, pero no conozco a ninguno, así que no me agradan los médicos. Tras muchas idas vueltas, consultas y placas que me hacen perder el tiempo, se llega a una decisión. Me tienen que meter una camarita con una manguera en el culo para revisarme el intestino. Del cagazo que me invadía, me dejo. Tras haberme dejado me prometo que la próxima vez que esté cagado no me voy a dejar. Me dicen que la cosa va a ser rápida y que me la aguante. No van a usar anestesia. Me dicen que no hace falta, que es un toquecito no más. El médico lubrica con vaselina y dilata agujero anal con dedo enguantado. Hasta ahí sin problemas. Pienso mientras esto sucede en Matías, mi único amigo gay. Pienso que si me gustaran los tipos no tendría inconvenientes con el sexo anal. Pienso que es una lástima que no me gusten ni me hayan gustado. Me habría ahorrado muchos quilombos. Pero ya es tarde. El médico ahora me introduce la manguera. Yo estoy de costadito, acurrucado. La enfermera que acompaña la faena me mira a los ojos mientras el médico manda manguera. Tolero los primeros 30 cm. como un campeón. Me pregunto de qué se quejan algunas minas. Me digo que que fácil es ser puto. La posición en la que me encuentro me genera pensamientos. Al médico mis pensamientos le importan un carajo y manda manguera mientras la perversa enfermera me mira a los ojos. A pesar de todo lo que hay para pensar me distraigo de todas las boludeces que venía pensando, no por la enfermera, la enfermera me importa un pito, que mire todo lo que quiera. Es otra cosa: me están rompiendo el orto. Esbozo una queja. Como para que se note que me duele. Hago un ruidito con la garganta. ¿Te duele?, me pregunta el médico. Le digo que si, bastante. Respirá hondo me dice la enfermera. Ya falta poco me dice. El médico me explica que hay que recorrer todo el intestino y que el dolor viene cuando la manguerita con la cámara en la punta gira en alguna de las muchas curvas que todavía le quedan por recorrer. Entiendo la explicación. . Pero ahora ya duele como la mismísima mierda. Tengo un metro y medio de manguera metido en el culo sin anestesia. Le digo, le pido, le ruego, girando mi cabeza en la posición fetal a la que me han sometido que pare. Pará, para por favor le digo. La maldita enfermera se acerca y dice “a ver a ver” y me acaricia la panza como si a partir de eso mi dolor fuera a menguar. Respirá me dice. Estoy respirando le digo. Hondo me dice. Hondo me están clavando pienso pero no digo nada, y respiro hondo. La manguera ya debe haber recorrido un kilómetro y cuando ya no puedo más de dolor me planto y le digo que la saque. Casi con lágrimas en los ojos le agarro la mano y le digo, le ruego, sacala. Me ponen cara los dos. Cara de que no me la banco. Pero me chupa un huevo. Sacala ya le digo. Bue... me dice. Si no la saca ya lo ahorco con el pedazo de manguera que le falta meterme en el orto. El tipo la saca. Despacito. Siento placer ahora si. El suplicio llega a su fin. Me explican que fue casi al pedo lo que me hicieron. Y me firma un papel que dice que por intolerancia no pudo terminar el estudio. Ojala que te maten en la puerta pienso mientras lo recibo. Con lo que tienen me mandan con otro que diagnostica hemorroides internas. Me dicen que haga una dieta que consiste en no comer nada que dañe mis hemorroides. O sea no comer nada de nada. Ni alcohol, ni cigarros, ni dulces ni salado, no ácido ni picante. Me extienden una hoja con los alimentos permitidos y me dan turno para dentro de un mes. Cuando salgo a la puerta la hago un bollo y la tiro contra un árbol. Me chupo una birra en el bar de enfrente. Que se vayan a cagar. Tanto quilombo para nada. Apelo a que mi cuerpo se ponga las pilas y se cure solo como tantas otras veces. Mi cuerpo lo hace y un par de semanas estoy como nuevo. El cuerpo no es boludo y antes de que le manden manguera otra vez se cura solo. Decía al principio que esto fue hace algunos años, yo era más joven y el cuerpo garpaba más.
Acto segundo. Tiempo presente. En donde acepto la desgracia que me toca y comienzo a elucubrar estrategias.
Tras algunos años bien llevados vuelven los dolores, tras los dolores, todos los síntomas. Se que va a haber sangrado y lo hay. No me desespero ni me asusto como la primera vez. Me preparo mentalmente para tiempos duros y de batalla. Espero un par de días a ver si la enfermedad se va o se asienta. Se asienta. Con todo se asienta. Mi culo parece un guante de médico inflado a punto de reventar, parece la cara de un gallo, parece que tengo una cañita voladora prendida que empuja desde adentro y no la dejan salir. Parece de todo menos un culo. Aguanto los primeros días como puedo. Imploro piedad. Haciendo control mental. Hablándole al cuerpo. Prometiéndole viajes y regalos. Le prometo playa, minas, masajistas vietnamitas. Pero no hay caso. Esta vez va a ser bravo. Ensayo distintas curas caseras. Descubro que el agua fría es contraproducente. Es cierto que calma el dolor. Pero te ves obligado a tener un caudal de agua helada constante pegándote en el culo. Si se corta el chorro, o tenes que frenar por alguna otra de las actividades humanas Dios te guarde. Es como quemarse con fuego y ponerse cubitos de hielo. La necesidad de cubito es para siempre, te mantiene calmado mientras tengas el cubito ahí, pero cuando el cubito se acaba el dolor se acrecienta mucho. Con el agua fría para hemorroides igual. Las primeras tres semanas pasan como por un tubo, mis actividades sociales las he llevado a la mínima expresión. Apenas salgo a la calle. Cualquier movimiento es peligroso en mi estado actual. Voy al supermercado chino de al lado en los momentos de menor dolor y trato de no hablar con nadie. En esta batalla necesito de la mayor concentración posible. Paso largas horas mirando la tele completamente desnudo, y sentado de forma tal que el talón de mi pie, el talón que más frío esté en ese momento, haga presión constante contra el agujero anal. Voy cambiando de pie y siempre me pongo el talón más frío en el culo. Cada vez que voy al baño, cada vez que voy al baño a cagar, a esta altura del relato no voy a ponerme escrupuloso con la terminología, cada vez que voy a cagar tiemblo. Lo que sobreviene tras cada una de las veces en que voy al baño, a cagar, es un dolor extremo de dos o tres horas. Lo amaino a puro talón fresco y si no puedo detenerlo me baño con agua caliente que me mantiene tranquilo. Pero es la misma historia que con el agua fría, la necesidad es eterna. Tengo miedo de no poder salir de mi casa nunca más, acuciado por la necesidad de aguas frías y calientes.
Acto tercero. Días finales en donde me la juego toda. Guerra de guerrillas o combate cuerpo a cuerpo.
Los dolores se convirtieron en parte de mí ser. Perdí la vergüenza y decidí hacerlo público. Le cuento a cada uno con quien me cruzo de mí padecer a la espera de una cura o receta que me ayude. Me dicen la mayor cantidad de pelotudeces que escuche en la vida. Desde que me ponga gasa con puré de papa y calabaza, hasta masajes anales, hasta la del agua fría y caliente todo el tiempo (cosa que yo ya había descubierto en mi exploración personal) hasta todo tipo de hierbas: Malva, manzanilla, boldo etc. Hago caso a todo lo que me dicen y todo voy probando, los masajes son bastante buenos: elegís un dedo y lo haces amigo del culo todo el tiempo que te parezca, la joda es que como con todos los otros remedios te envicias y cuando tenés que hacer otra cosa te morís de dolor. Pero si uno pudiera meterse un dedo en el culo durante todo el día sería santo remedio. Pomadas: todas mentira, buen aroma, pero no hacen absolutamente nada, solo dejan una rica fragancia en el aire, tal vez el motivo de que las vendan sea ese: el de tranquilizar al martirizado con fragancias. Creo que estoy agonizando. La familia y los amigos ya decidieron que me van a llevar al médico atado. Pero me niego rotundamente. Voy a masticar una capsula de veneno antes de ir al médico. Llevo dos meses de intenso estudio y batalla hemorroidal. El cuerpo se va curando. La última semana tuve dos días sin dolor. Anoche pude incluso jugar un partido de fútbol, aunque el retorno fue fatal y me llevó a tomar una decisión terrible de la que no se si me recuperaré.
Cuarto y último acto. Noche de la decisión terrible. O noche del baño de malva.
Hacia como un año que no jugaba a la pelota. Vengo de ganar. De correr y transpirar lindo. Hice un papel discreto. Cuando termina el partido siento que el culo me llama. Me quiere cobrar la hora libre que me dio, estoy seguro. Así que saludo a la gente y me rajo. Ya lo conozco y se como reacciona. En el camino empieza a corroer desde adentro para afuera. Maldigo. Lo insulto. Maldito culo le digo. Ni se inmuta. Freno en una esquina y tomo aire. La gente debe pensar que me mató el partido. Pero no, tengo el culo roto. Paro en la farmacia a la que estuve yendo por pomadas hemorroidales durante todo este tiempo y vestido de futbolista pido malva. No me importa nada, he perdido la vergüenza. Que se caguen de risa si quieren. Apuro el paso y trato de cerrar los cantos. Recomiendan dejarlos relajados pero relajados duelen doble. Así que aprieto y llego a casa ya con un dolor madre. Ni me saco la ropa de futbolista y preparo un té gigante con toda la malva y agua bien caliente. Para que tome todo el sabor y el color. Pienso que a más cantidad mejor resultado así que me hago un super te de malva con agua hirviendo en una palangana de 5 litros. Jaja me río. Ahora van a ver. Estoy seguro de con esto me curo el culo. Da gusto mirar como el agua toma el color de la malva. Agua maravillosamente caoba que por fín curará mi malestar. Se me ocurre otra fantástica idea. Si me la banco con el agua bien hirviendo va a ser mejor pienso. Me pongo en bolas pero me dejo los botines. De la palangana sale un humo y un olor a té viejo que dan ganas de salir corriendo. Pero es mi última jugada. Meto el culo entero en la palangana. Siento que el mundo es una porquería. Que nuestros cuerpos son demasiado frágiles para afrontar esta vida. Siento un montón de cosas. Siento haber tomado la estúpida decisión del baño de malva. Siento como el agua hirviendo además de quemarme los huevos me dilata la zona y siento como entran todo ese maldito paquete de malva rasposa adentro de mi culo. Tengo todo el intestino lleno de yerba que me corroe la tripa. Voy a morir pienso. Acá se termina todo. ¿Dónde esta la luz blanca? Desnudo como estoy me arrojo palomita al suelo. La palangana se vuelca y en poco tiempo estoy todo quemado y cubierto de esa espantosa yerba llamada malva. Lloro y trato de sacarme los palitos del culo como puedo. Pero es imposible. Me siento un mate. Soy un mate, me convenzo de que soy un mate. ¿De que otra forma podría llamárseme si no mate?
Ultimas palabras a modo de corolario
Los médicos del asilo dicen que tome la medicación, que es paranoia, que ya va a pasar, por eso no me caen los médicos, siempre me dicen que ya va a pasar, que espere, que tenga paciencia, siempre me dan falsos remedios, me dicen tome esto o aquello. Lo cierto es que han pasado algunos meses desde que la familia decidió internarme, lo cierto es que sólo yo fui testigo de una batalla personal y sincera y lo cierto, lo más cierto de todo, y muy a pesar de todo lo que digan, es que yo, tristemente, en completa soledad y abandono no puedo con mi dolor, con ese dolor que como otros ha sido testigo de mis días, con ese dolor que como otros me resulta imprescindible a la hora de enfrentar mi destino. En definitiva y para concluir, lo cierto es que yo, me sigo sacando palitos del culo.
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